Si su deudor es una empresa industrial, la decisión más importante para todos los acreedores es preservar el valor de empresa en marcha. Maquinaria parada, contratos rotos, equipo técnico que se va: cada uno de esos hechos destruye valor irrecuperable. El concordato es la herramienta para evitarlo.
Para tomar decisiones bien fundadas, conviene entender la naturaleza económica y patrimonial del rubro de su deudor.
Plantas, líneas de producción, maquinaria. Su valor real depende del uso productivo, no del remate.
Prendas e hipotecas sobre equipamiento e inmuebles industriales.
Pasivos y activos comerciales con grandes clientes industriales.
Identifique su posición dentro del concurso. Cada categoría tiene un régimen distinto y una estrategia óptima específica.
Privilegio especial. Mantener el bien en uso productivo es lo que conserva su valor.
Quirografario. Sin sus insumos, la planta para. Acompañar conviene mutuamente.
Mantener contratos vivos puede ser activo intangible mutuo.
Privilegio laboral, talento difícil de reemplazar.
La verificación incorpora su crédito al expediente. Sin ella, queda fuera del concordato y del reparto. La documentación específica varía según el rubro.
Una vez verificado, viene la decisión más importante: votar y participar de la negociación. En este rubro hay razones particulares para acompañar.
El activo de la empresa es la prenda común de los acreedores. En este rubro, la quiebra destruye valor de modo particular y rápido.
Una planta industrial en quiebra se desmantela, la maquinaria se remata por kilos o por chatarra, los contratos se rompen y el equipo técnico se dispersa. Lo que valía 100 como negocio funcionando puede valer 20 o 30 en liquidación. Esa pérdida la pagan, primero, los acreedores quirografarios.
Verifique. Acompañe el concordato. La diferencia entre planta operativa y planta liquidada es la diferencia entre cobrar bien y cobrar centavos.