Si su deudor es una empresa tecnológica, su patrimonio principal es intangible: software, marca, base de clientes, talento. Una quiebra disuelve todo eso en semanas. El concurso preventivo puede ser el puente entre dos rondas o entre dos ciclos comerciales.
Para tomar decisiones bien fundadas, conviene entender la naturaleza económica y patrimonial del rubro de su deudor.
Código, IP, marca, métricas de negocio (MRR, ARR). El balance tradicional no lo refleja.
Instrumentos híbridos que mezclan deuda y participación.
Suscripciones que sostienen el flujo y deben preservarse.
Identifique su posición dentro del concurso. Cada categoría tiene un régimen distinto y una estrategia óptima específica.
Quirografario operativo. Mantener servicio activo conviene a todos.
Quirografario híbrido. Reestructuración con conversión es el camino habitual.
Habitualmente no debe interrumpirse el servicio.
Privilegio laboral. El equipo es el activo crítico.
La verificación incorpora su crédito al expediente. Sin ella, queda fuera del concordato y del reparto. La documentación específica varía según el rubro.
Una vez verificado, viene la decisión más importante: votar y participar de la negociación. En este rubro hay razones particulares para acompañar.
El activo de la empresa es la prenda común de los acreedores. En este rubro, la quiebra destruye valor de modo particular y rápido.
En quiebra, el código, la base de clientes y la marca pierden valor rápidamente sin mantenimiento. Los inversores ven su capital evaporarse. Los acreedores quirografarios cobran muy poco porque el patrimonio realizable es mínimo: licencias, equipos viejos y pocos activos tangibles más.
Verifique. Acompañe la reestructuración. En este rubro, la quiebra es habitualmente el peor escenario imaginable para los acreedores.